A finales del siglo XVII, una particular troupe de actores encabezada por el Duque de Ochoa, se dirige hacia Esquivias para hacer una representación teatral. Los caballos que tiraban del carro de la compañía, agitados inexplicablemente desde primeras horas de la mañana, se desbocan colisionando con el carro de un arriero que pasaba por allí, despeñándose por un desfiladero, muriendo todos y siendo todos enterrados como cómicos fuera de los muros del cementerio, fuera de tierra sagrada, tal y como dictaba la ley de la época.